
Voyager 1 fue lanzada el 5 de agosto de 1977 desde Cabo Cañaveral. Pasó por Júpiter en 1979 y por Saturno en 1980. Como su "hermana", Voyager 2 (lanzada el 20 de agosto del mismo año), lleva consigo un disco de oro con una selección musical de diversas partes del planeta; saludos en diferentes idiomas; fotografías y una imagen que explica, en lenguaje científico, la localización del Sistema Solar, las unidades de medida que se utilizan, características de la Tierra y características del cuerpo humano. La idea de enviar una prueba de nuestra existencia a seres de otros mundos fue diseñada por un comité científico presidido por Carl Sagan, apasionado astrónomo de la Universidad de Cornell.
Aunque se tenía previsto que el proyecto durara cinco años, las Sondas Voyager llevan más de tres décadas explorando los horizontes nebulosos del espacio.
La fotografía de Un punto azul pálido, capturada por Voyager 1, ha sido reconocida como uno de los documentos científicos más importantes de la historia. Sirvió de inspiración a Carl Sagan para publicar, en 1994, un libro del mismo nombre. En él resalta el contraste entre lo insignificantes que somos en el universo y lo arrogantes que podemos ser para conquistar una pequeña porción de una partícula de polvo.
Desde esta distancia, es posible que la tierra no presente interés alguno. Sin embargo, para nosotros es diferente. Mira de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.
La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar y querer el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.
Carl Sagan
(1934 - 1996)
Información:
Portal de Carl Sagan
Space.com
Voyager: The interstellar mission















